Alejandro del Pino, un pensador de mundos.
Docente, profesor universitario, investigador y escritor, Alejandro del Pino, desde pequeño, ha sentido el impulso irrefrenable de fantasear y elaborar toda clase de escenarios, naciones y planetas en los que aventurarse. No nos sorprende, pues, que piense que la fantasía es uno de los mayores regalos que el ser humano tiene y que haya creado la marca Worlds Builder desde la cual está lanzando una serie de novelas y álbumes ilustrados, siendo el más reciente Profesionales imposibles para pintar futuros verdes como tampoco que si él tuviera que elegir una de estas «profesiones imposibles» fuera la de pensador de mundos.
Alejandro, ¿qué es ser un pensador de mundos?
Un pensador de mundos es, ante todo, un soñador con los pies en la tierra. Alguien capaz de imaginar futuros mejores: escenarios donde la sostenibilidad, la calma y la seguridad conviven con la aventura, la creatividad y la pasión por descubrir. Es quien no se resigna a aceptar el mundo tal como es, sino que busca construir uno donde todos, personas, naturaleza, incluso ideas, tengan su lugar y su momento para florecer. En definitiva, alguien que proyecta utopías posibles… y las dibuja con palabras.
Cuéntame cuál es tu objetivo con Worlds Builder. ¿Será la marca bajo la cual auspiciar tus historias o algo más grande?
Worlds Builder tiene un principio definido… pero no un final. Es, hoy por hoy, una marca de literatura infantil y juvenil donde álbumes ilustrados cobran vida, repletos de imaginación y alma pedagógica. Pero sus límites no están marcados, sueño con publicar juegos de mesa educativos, materiales didácticos para el aula y publicaciones específicamente pensadas para el profesorado. Es un universo en expansión, como todo buen paracosmos de ficción.
¿Qué te llevo a escribir e ilustrar junto con Javier Pajuelo el álbum Profesiones imposibles para pintar futuros verdes?
Javier y yo compartimos raíces pacenses, pero sobre todo compartimos visión. Conocí su obra hace años a través de redes sociales y desde entonces su estilo colorido, dinámico y evocador me cautivó. Su trazo tiene la capacidad de llenar de vida cualquier escenario. Basta ver su serie de ilustraciones de seres fantásticos y mundos imposibles, donde lo onírico se funde con lo cotidiano, para entender por qué él era el artista ideal para dar cuerpo a mi Academia Esmeralda. Su creatividad ha sido una compañera de viaje inmejorable.
¿Cómo se podría trabajar con este libro en las aulas? ¿Nos das algunas ideas?
El propio álbum incluye un código QR al final que da acceso a propuestas didácticas variadas: manipulativas, activas, competenciales y de desarrollo de la creatividad, todas adaptables bajo el enfoque DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje). Se pueden realizar tanto en la escuela como en casa.
Un ejemplo inspirador: preparar un «huerto de buenas intenciones». ¿Cómo? Con maceteros elaborados con materiales reciclados y flores de goma EVA, donde cada pétalo recoja un hábito saludable o una acción para proteger el medio ambiente. Así, sembramos no solo plantas simbólicas, sino también valores y compromisos reales.
¿Y los papás? ¿Cómo podrían, además de leer con sus hijos este libro, sacarle el máximo provecho?
El álbum ofrece también una guía de lectura pensada para familias, esto es, consejos para detenerse en los detalles, para leer sin prisas, para dialogar con los niños sobre temas tan relevantes como la sostenibilidad, la imaginación o el papel que cada uno juega en la construcción del futuro. Leer con atención, descubrir juntos significados ocultos… y, por qué no, soñar un poco más allá de las páginas.
Voy más allá, ¿qué le puede aportar a un lector al uso que no tiene nada que ver con la educación y que, además, es ya un lector adulto?
Puede aportarle mucho. Este álbum no es solo para niños, es también para adultos dispuestos a atreverse a soñar, para quienes disfrutan con Studio Ghibli o con otros grandes títulos de álbumes ilustrados como ‘El Monstruo Azul’ de Olga de Dios. Es un espacio donde la creatividad y la sensibilidad estética se dan la mano, donde los misterios del universo de la Academia Esmeralda invitan a expandir los horizontes de la creatividad. Leerlo es reencontrarse con la fantasía que una vez fuimos capaces de imaginar… y quizás habíamos olvidado.
Siempre he pensado que es más fácil transmitir ideas en el cole que en una universidad donde las mentes ya están casi formadas. En última instancia, ¿qué te gustaría que se lleven de sus clases los alumnos universitarios a los que enseñas?
Que el docente es, ante todo, un acompañante en el desarrollo integral del alumnado. Que cada grupo es diverso, irrepetible, lleno de contextos y necesidades distintas. Me gustaría que mis estudiantes apuesten por una educación creativa, rica en competencias reales y actitudes activas. Que comprendan que programar no es aplicar fórmulas, sino escuchar a los discentes y diseñar propuestas a la medida de sus mundos.
¿Has dado o te gustaría dar charlas en centros educativos u otros lugares? ¿Tienes algo en mente sobre este tema?
Sí, como investigador y profesor universitario participo en congresos donde comparto mis trabajos, y me encantaría ampliar este campo para implicar a docentes en activo y a futuros maestros en proyectos creativos y ecológicos como Worlds Builder. Las charlas, los talleres y las experiencias compartidas son clave para hacer de esta marca algo realmente vivo y participativo. El último, el II Congreso internacional. El Valor del Agua, celebrado en la Universidad de Jaén, constituyó un crisol de disciplinar y proyectos profundamente inspirador y motivador.
¿Has pensado en contactar alguna vez con alguna editorial de índole educativo que avale tus proyectos?
Por supuesto. Me encantaría trabajar con una editorial especializada en material educativo para dar mayor alcance a Worlds Builder, asegurando que tanto mis álbumes como otros recursos didácticos puedan llegar a más aulas, a más familias, a más futuros pensadores de mundos.
Para terminar: cuéntanos una profesión imposible que aparezca en tu álbum y que crees que nos puede sorprender. Una de mis favoritas es la de los Intérpretes de Animales: personas con la capacidad única de comprender y traducir los deseos, miedos y necesidades de criaturas de todo tipo. Imagina poder saber qué siente un quokka cuando sonríe o cuál es la melancólica canción que susurra un capibara al atardecer. Esta profesión sería vital para combatir el ocio invasivo, ese turismo irresponsable que irrumpe en los hábitats sin comprender ni respetar sus ritmos. Los Intérpretes serían guardianes del silencio, protectores de la distancia justa entre el humano curioso y la naturale
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