«Los hijos del Justo» de Fran Ortega.
Hay algunas cosas que se dan por hecho en Sevilla, como su Semana Santa, su Feria o su color. ¿Pero el robo de la imagen de la Macarena? ¿O que la capital se convierte en el tablero de una serie de asesinatos en los días previas a una de sus más importantes celebraciones religiosas y cofrades?
Este es el escenario que pinta Fran Ortega en su obra Los hijos del Justo, una novela negra que autopublicó hace un par de años y que vuelve ahora con más fuerza que nunca. Ortega acaba de preparar una nueva reedición que ha lanzado en la plataforma de Amazon y que, en sus primeros días, ha recibido un aluvión de descargas y páginas leídas, acontecimiento que tiene totalmente sorprendido al autor.
Y es que quizás el secreto se haya tras el camarín vacío de la imagen de la portada. La Macarena, todo un emblema para la ciudad de Sevilla, ha sido sustraída y con ella, una serie de asesinatos se están perpetrando sin cesar. No nos sorprende, pues, que la obra comience en el barrio de San Gil y que ya atisbemos en la forma de escribir de este autor un costumbrismo andaluz rico en matices y admirador de su tierra. Se dice en la obra, de hecho, que el amor que un sevillano siente por su ciudad puede resultar, visto desde fuera, chocante y odioso.
Pero nosotros no lo odiamos, querido lector. Nos gusta cómo Ortega nos presenta, incluso, algunos hechos históricos acaecidos en la capital, como la Madrugá del año 2000 o ubicaciones reales. También como juega con la superstición y la fe, pues incluso, entre sus páginas, se nombra al demonio.
Desde luego, perseguir a un asesino es como perseguir al diablo, pero ¿son uno o varios? ¿Quiénes son Los hijos del Justo?
En Los hijos del Justo también vamos a encontrar un inspector desbordado. Poca broma con Lorenzo Millán, pero quienes están dispuesto a hacerle jaque mate también son gente peligrosa. Se atisba aquí una posible secta. Un grupo de ¿fanáticos? que quieren lanzar un mensaje.
La novela, como ha dicho recientemente el autor en una entrevista, tiene recorrido. Esto es algo que Fran Ortega ha querido destacar también en la nueva reedición, añadiendo valoraciones de lectores que ya la han leído y «testado». Es más, Ortega llega a decirnos que esta obra es diferente a cuanto existe dentro del género negro. Creo que esta última afirmación es, incluso, más intrigante que la propia imagen del camarín vacío de la portada (que, ahora, por cierto, es verde y no granate). La intención del autor es contar algo diferente a lo que la gente viene leyendo y supongo que sabe de lo que habla porque él también es un gran lector.
Los hijos del Justo de Fran Ortega plantea muchos interrogantes y nos lanza un guante que solo adentrándonos en la historia podemos aceptar. No es solo una ciudad ampliamente conocida, ni unos acontecimientos que te crean mucha curiosidad (incluso cierto vértigo, sobre todo si en algún momento has tenido feo o has sentido ese espíritu religioso), sino también la propia decisión del autor ahora, y no en ningún otro momento, de darle una segunda vida a esta historia. Como si fuese la hora de la verdad. Pero ¿de qué Verdad?

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