Reseña sobre “El puente donde habitan las mariposas”.
Este es uno de esos libros que logró llamar mi atención en la Feria del libro de Madrid. Hace ya un tiempo que os dejé alguna frase y os encantó, de hecho, alguna de vosotras me preguntó por privado. Pues bien, este libro despertó mi curiosidad porque se anunciaba como un encuentro íntimo entre ciencia y humanidad, además te hablaba sobre moldear el cerebro y sobre respiración. A mí, me parece fundamental conocernos a nosotros mismos para poder lograr todo lo que anhelamos.
También debo decir, que acudí a la grabación de un podcast de Nazareth Castellanos y ella me fascinó. Es doctora en Neurociencia por la UAM y especialista en cómo influye la meditación en el cerebro. En “El puente donde habitan las mariposas” nos proporciona un ensayo que se siente cercano: una invitación a explorar cómo esculpimos nuestra mente con intención, y cómo herramientas tan simples como la respiración pueden ayudarnos a habitar nuestra identidad con conciencia y presencia.
Confieso que al principio me perdí un poco en la lectura pues hay muchos tecnicismos científicos, que, si bien me encantó conocer, también en ocasiones dificultaron mi capacidad de concentrarme en la lectura. Hay además muchas referencias a Ramón y Cajal (uno de sus grandes referentes) y al filósofo Martin Heidegger, que ella admira, y ahora yo también. Poco a poco la lectura comienza a fluir mejor e incluso empiezas a aplicar las técnicas que narra.
Su propuesta se organiza en torno a tres conceptos que he amado: construir, habitar y pensar.
-“Construir” nos remite al pasado—nuestras raíces, la huella de los ancestros, nuestras relaciones—que dan forma a nuestro cerebro.
-“Habitar” no es solo ocupar un espacio, sino vivirlo conscientemente: detenerse, sentir el aire, escuchar el latido del mundo… y, de paso, reconectar con uno mismo.
-“Pensar” se distingue del rumiar mental y del pensamiento vacuo. Es enfocarnos, respirar, y generar claridad interior.
Dentro de todo esto, Nazareth pone el foco en la respiración como ese puente entre lo exterior y lo interior. En el libro facilita técnicas prácticas, suaves, para activar esa conexión y reforzar nuestra salud mental.
Su estilo, si la sigues lo conoces, es de un tono cercano y elegante. Combina reflexiones filosóficas (en torno a Heidegger), hallazgos científicos y vivencias personales. A veces parece que estás viajando con ella en busca de esas respuestas que quiere plasmar.
Los comentarios han sido muy elocuentes: desde El Confidencial lo señaló como “el ensayo del momento”, y ha sido destacado en medios entre los libros claves que mejor mezclan ciencia y autoayuda
Entre los lectores en plataformas como Goodreads, hay también diversidad de voces:
«Un libro amable y humanista… si te echan para atrás los libros que atufan a autoayuda… es otra cosa. Eso sí, para leer en momentos de mente despejada.»
«Me ha llevado a comprender conceptos que tenía desordenados… está muy bien escrito, pero no es para leer de golpe, hay mucho que asimilar.»
Ese matiz final me parece precioso: no es un libro que devoras. Es un libro que te acompaña, que requiere de tu atención, de tu respiración consciente, de que profundices en él experimentando.
La parte que más me ha gustado ha sido la de las cartas de Heidegger y de su amada. En ellas describen cómo la técnica de meditación puede ayudar a focalizar mejor la mente en el proceso creativo.
En resumen, este ensayo se siente como una conversación profunda con alguien que sabe explicarte cómo funciona el cerebro y cómo la respiración puede transformarse en una gran aliada.
Puedes leer más reseñas en el blog de lecturas.
